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Red velvet: 3 curiosidades químicas que tienes que conocer

Estamos en el mes del amor y la amistad, y ¿Qué hay más romántico que una Red Velvet? Una torta roja, con una miga que se deshace en el paladar y un sabor sutil a cacao. Es deliciosa, y más aún si la acompañas con un frosting de queso crema. Hoy quiero contarte 3 curiosidades químicas de la Red Velvet. Te las dejo a continuación:


Red Velvet y Frosting de queso crema Ebook The Basic cake
Red Velvet y Frosting de queso crema Ebook The Basic cake

1. Color rojo

Originalmente, el color rojo no venía de un frasco de colorante, sino de la reacción entre el cacao natural (no alcalino) y los ingredientes ácidos (vinagre y buttermilk). El cacao contiene antocianinas, que actúan como un indicador de pH: en un ambiente ácido, se tornan rojizas.


Las antocianinas son pigmentos naturales presentes en el cacao que cambian su estructura y color según el nivel de acidez del entorno. En la química del Red Velvet, estas moléculas reaccionan ante ingredientes ácidos como el vinagre y el buttermilk, pasando de su color marrón habitual a un tono rojizo profundo.


Sin embargo, este efecto es mucho más visible con cacao natural, ya que el proceso de alcalinización industrial (cacao tipo Dutch) suele destruir estas partículas, eliminando esa reacción cromática natural.


¿Si las antocianinas reaccionan en un medio ácido, por qué no reaccionan con la acidez del cacao natural?

Aunque el cacao natural es ácido por sí mismo (tiene un pH de entre 5 y 6), sus antocianinas están “atrapadas” en el polvo seco y su acidez es demasiado débil para generar el cambio de color por sí sola.

Para que la reacción ocurra, necesitas dos cosas que el cacao, por sí solo, no tiene:

  1. Un medio líquido: Las antocianinas necesitan disolverse en agua o leche para que sus moléculas puedan moverse y reaccionar químicamente.

  2. Un empujón extra de acidez: Las antocianinas del cacao son sensibles, pero necesitan un ambiente mucho más ácido (un pH más bajo) para volverse rojas. El cacao solo no es lo suficientemente ácido para “autoactivarse”. Cuando añades vinagre y buttermilk (mucho más ácidos que el cacao), ayudas a que las antocianinas crucen ese umbral químico y cambien su pigmentación del marrón al rojo caoba.


A pesar de obtener el color rojo de forma natural, este suele ser un tono rojo caoba o terroso. Para intensificarlo puedes apoyarte en colorantes, preferiblemente en polvo o en gel. Yo utilizo la marca Chef Master: Christmas Red (rojo brillante) y Super Red (rojo oscuro).


2. Proporción de cacao

Para una Red Velvet auténtica, la proporción ideal de cacao debe estar entre el 5% y el 9% del peso total de la harina. Para sacar el cálculo, multiplicas el porcentaje que vas a usar por la cantidad de harina de la receta.

Ejemplo: 100 g de harina × 7% = 7 g de cacao


¿Por qué no usar más cacao?

Te lo resumo en 3 razones:

1. No es una torta de chocolate

La Red Velvet es, en esencia, una torta de vainilla con un toque sutil de cacao. Si excedes la cantidad, el sabor a chocolate dominará y la miga perderá su delicadeza.


2. Impacto en el color

El cacao es un pigmento muy fuerte. Si usas demasiado, el rojo se verá amarronado, sin importar cuánto colorante añadas. Mantener una baja cantidad de cacao permite que el rojo brille y sea el verdadero protagonista.


3. Textura de terciopelo

El cacao tiene gran capacidad de absorber la humedad. Mantenerlo en un rango bajo ayuda a que la miga se mantenga húmeda y sedosa, evitando que se vuelva seca o quebradiza, como suele ocurrir en tortas con mucho cacao.



3. Terciopelo rojo

La Red Velvet es famosa por su suave miga, que se deshace en el paladar. Y esto tiene una explicación química gracias al vinagre y al buttermilk (suero de mantequilla), que son los motores principales de esta torta. Sin ellos, tendrías una torta de chocolate común; con ellos, tienes “terciopelo”.


El ácido del buttermilk y del vinagre “ataca” las proteínas de la harina. Esto debilita la formación de gluten y da como resultado una miga mucho más suave, fina y tierna que la de una torta estándar. Es lo que genera esa sensación de que la torta “se deshace” en el paladar.


Además, el vinagre reacciona con el bicarbonato de sodio y crea burbujas de dióxido de carbono. Esta reacción es rápida y vigorosa, y genera alvéolos (huequitos) muy pequeños y apretados, estirando las paredes de la miga y volviéndola ligera.


Por último, el buttermilk aporta una cremosidad y una acidez sutil que “engaña” al paladar, haciendo que la torta se sienta más húmeda incluso si tiene menos grasa que otras.


Como plus, ese ambiente ácido también ayuda a fijar el colorante (si usas uno artificial), evitando que se oxide o se vuelva marrón grisáceo durante el horneado. Gracias a esto, los colores se mantienen mucho más vibrantes.


4. Manos rojas

El dato más importante: no importa cuánto cuidado tengas, casi siempre vas a terminar con las manos manchadas de rojo haciendo esta receta. Pero no te preocupes, en dos o tres días máximo ese color se va 😅



Qué lindo es conocer la química de las recetas que preparamos. Para mí, esto genera mucho más apego al protocolo y, mientras más te apegues, mejor te va a salir la receta. Por eso, en mis cursos siempre les explico a mis estudiantes la química de las recetas: para que entiendan el “por qué” de todo y sigan las indicaciones con confianza.


Si quieres la receta de la Red Velvet y el frosting de queso crema, la consigues en mi ebook “The Basic Cake”. Te dejo el enlace a continuación: https://www.deliciasnina.com/product-page/the-basic-cake-for-tall-cake-and-more


XOXO

Nina


 
 
 

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